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El pequeño saltamontes e Instagram

Jul 30, 2019 | Opinión, Personal | 0 Comentarios

Hagamos un poco de Kung Fu mental

Si recuerdas la serie de televisión Kung Fu, interpretada por David Carradine, es que tienes unos cuantos años a tu espalda y eres de mi quinta, o casi.
También recordarás los consejos que el maestro de Kung Fu daba a su aprendiz, al cual llamaba pequeño saltamontes.
¿Qué clase de conversación mantendrían hoy en día el maestro y su aprendiz sobre la tecnología y las redes sociales?
Hagamos un esfuerzo de imaginación y veamos que consejos obtendría el pequeño saltamontes de alguien con experiencia.

—Maestro, no consigo destacar en Instagram —dijo el pequeño saltamontes.
—¿Usas los hashtags correctamente? —preguntó el maestro.
—Sí, pero apenas tengo corazones en mis fotos. No entiendo cómo algunos que sigo tienen muchos, si sus fotos son muy parecidas a las mías.
—Debes tener en cuenta, pequeño saltamontes, que si publicas muchas fotos que son iguales o parecidas a las de otros, teniendo menos seguidores, van a considerar que les copias y te ignorarán. Debes ser original y adelantarte a ellos. Publica fotos diferentes. Destaca.
—Pero maestro, es que es muy difícil. Muchas fotos están tomadas en lugares espectaculares e inaccesibles para mí.
—Entonces los corazones los dan por los lugares, no por la foto en sí.
—Bueno, no… quiero decir, las fotos están muy bien de composición, luz, color —dijo inseguro el aprendiz.
—Pero podrías hacerlas igual si estuvieses en el mismo lugar.
—Es muy probable, maestro.
—¡Pues no deberías! Debes hacer algo diferente. ¡Destaca! —le espetó el maestro— además pregúntate por qué muchos de los seguidores de los que tienen muchos corazones son cuentas extranjeras, que siguen a otros usuarios si les siguen. Y que le dan al corazón por cada vez que tú les des a una de sus fotos. Es lo que suelen llamar me sigues y te sigo. No son corazones reales. Si tan solo la mitad de estos fuesen dados con criterio, habría muchos menos seguidores y muchos menos egos hinchados. No importa lo mala que sea la foto, o lo repetitiva que sea la colección de fotos que publiques; siempre tendrás una cantidad parecida de gente a la que supuestamente le gusta tu foto.
—Entonces, maestro, Instagram es una farsa —concluyó el pequeño saltamontes.
—Como todas las redes sociales actuales, hijo. Y ahora, deja el móvil y cumple con tus obligaciones.

¿Decepcionado? No, espera, que puedes pasarlo bien

Dejando a un lado el relato ficticio, lo cierto es que las redes sociales han evolucionado para ser mercado y negocio. Para sacar rentabilidad de nuestros datos, sin importar los daños colaterales. Y uno de estos es la frustración de quienes intentan sobresalir por encima de otros, a base de dejarse su tiempo y esfuerzo en fotografiar y publicar.
Es increíble, con la poca gente a la que sigo, la cantidad de ellos que publican varias veces al día. La mayoría de sus fotos son repetitivas, monótonas, monotemáticas también, algunas irrisoriamente malas. A veces me pregunto si lo hacen aposta para reírse de sus seguidores.

Y no olvidemos la envidia, los grupitos de amigos que solo se gustan entre ellos, los haters y los que consideran a otros inferiores.
Los que me conocen saben que desde el 2014 estoy casi desconectado de redes sociales. Digo casi porque entro muy esporádicamente a Facebook, algo más a Instagram y muy poco a Twitter. Me aburre. En serio, si no fuera porque sigo a gente muy buena ya habría dejado las redes, pero estos son los que hacen que me divierta al observar su comportamiento. Dan corazones a todo dios que sea de sus círculos, incluso los típicos comentarios vacíos. Pero ven fotos de otros y nunca dan un solo corazón… si no son de los suyos.

Está claro que no podemos gustar a todo el mundo. Y mucho menos que todas nuestras fotos gusten siempre a nuestros amigos.
Lo importante está en que publiquemos lo que nos gusta a nosotros, ya sea por diversión, por mostrar las vacaciones o por querer mostrar nuestra vena más artística.
El indicador de que lo estamos haciendo bien es que no siempre tengamos los mismos corazones, ni a la misma gente dándolos. Y eso está bien.

Los que son más inteligentes, como los que estáis leyendo este post con media sonrisa en la cara, sabéis que Instagram, además de los puñeteros algoritmos para inundarnos de publicidad, usa otros para mostrarnos fotos parecidas a aquellas a las que les dimos corazones.
Por ello, querido amigo, o amiga, sé honesto contigo mismo y hazte curador de tu timeline; marca fotos que realmente te gusten y al cabo de un tiempo te verás recompensado. Sin basura que desechar. Y de paso te diviertes un poco.

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